sábado, 21 de septiembre de 2013

De Acento.com: Quienes....

¿Quiénes pagan la factura de la crisis?

19 DE SEPTIEMBRE DEL 2013

SABER MÁSACERCA DEL AUTOR

Blog detalle

CARLOS BÁEZ EVERTSZ

Politólogo y sociólogo

Sobre mí

Doctor en sociología (PhD).Postgraduado en comunicación política. Funcionario de carrera por oposición del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado de España (en activo de 1986 al 2009). Ha sido profesor de sociología y ciencias políticas. Actualmente es analista político.
El 15 de septiembre de 2008 es la fecha “oficial” del estallido de la crisis financiera más importante después de la Gran Depresión de 1929. El hecho que la señala, la quiebra del banco de inversión Lehman-Brothers. Este banco era el cuarto más grande del mundo y era un icono del sector, ya que tenía tras de sí 158 años de existencia.
La causa de su quiebra estaba en la burbuja creada por las hipotecas “subprime”, sin respaldo, proporcionadas a personas sin la debida solvencia, con el fin de obtener ganancias rápidas, mostrar buenos resultados a los consejos de administración, obtener los directivos acciones preferentes (stock-options) y bonos millonarios.
A Lehman Brothers siguió la bancarrota de Merryl Lynch, el tercer banco de inversión de los EEUU, y antes, el gobierno de ese país había tenido que tomar a cargo a los gigantes del préstamo Freddie Mac y Fannie Mae.
La quiebra tuvo un efecto de juego de dominó y se extendió a todo el mundo, ya que los mercados de créditos rechazaban prestar dinero a los otros bancos  -por falta de confianza en sus activos reales-, y todo el sistema financiero amenazaba colapsar.
En esta situación los Gobiernos tuvieron que destinar miles de millones de  dólares y euros de sus recursos para hacer frente a las necesidades financieras de los grandes bancos, bajo la idea de que estas entidades financieras “eran demasiado grandes para dejarlas que se hundieran”, sin que lo hiciera todo el sistema financiero en su conjunto. (vid. J. Stiglitz, Caída Libre, Madrid, Taurus, 2010)
Una vez más el Estado, tan vilipendiado por los partidarios de los mercados libres, sin trabas, ni regulaciones, se convertía en el salvador de los intereses privados. Pero quien habla del Estado habla de quienes sustentan a éste: los ciudadanos, la gran masa de trabajadores manuales, intelectuales, técnicos, de los servicios, y en fin, de quienes con sus impuestos sostienen el aparato estatal a través de la Hacienda Pública. El Gobierno de los EEUU destinó en ese momento, 700 billones de dólares para salvar a los bancos.
Lo realmente curioso –por decirlo de manera suave-, es que esos directivos ineficaces no han sido sancionados. En Los EEUU no hay ningún banquero en la cárcel purgando penas por los desastres que llevaron a la ruina a millones de norteamericanos. Y el panorama es más o menos igual en Europa. Sólo en Islandia la quiebra del banco más poderoso, el Glitnir, acarreó la prisión de su expresidente.
En Irlanda serán juzgados en 2014 los directivos del Anglo Irish Bank. En España hay imputados unas decenas de altos directivos de bancos y cajas de ahorros, pero cuando uno de los principales directivos de Bankia, Miguel Blesa, fue puesto en prisión preventiva por un juez de instrucción, éste  tardó unas cuantas decenas de horas en salir  de la cárcel y el juez fue sancionado, quizás por defecto de forma en el procedimiento o por presunta prevaricación. Está claro que la mezcla de poder político y económico, inhibe la acción de la justicia o la paraliza.
Lo que ha quedado transparente es que bien por falta de una legislación adecuada para los casos de fraudes financieros, de imprudencia temeraria, o por dolo, es harto difícil hacer que los directivos de las entidades financieras paguen sus culpas. Y aunque se han tomado medidas  para tratar de evitar los casos más flagrantes de la impudicia de los directivos, según recogen declaraciones de bufetes de abogados, seguirá siendo harto complicado, aún hoy, condenarlos si vuelven a caer en las mismas o parecidas prácticas de “ingeniería financiera”.
Un ejemplo, la Ley Dodd-Frank aprobada ya hace  tres años, que establece una minuciosa regulación de las actividades financieras, entre ella pruebas de estrés anuales para ver la solvencia de los bancos (que requieren un 5% en la ratio de capital de mayor calidad, que establece la Reserva Federal de EEUU), aún no se está aplicando por la presión de los lobbies y los grupos de intereses. (Vid. Expansión, 14/9/2013 y 15/9/2012)
Cinco años después la situación en que nos encontramos no es tan crítica como la de 2008 para los bancos, que siguen teniendo grandes beneficios y que siguen repartiendo bonos y comisiones entre sus directivos, como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, según un Informe de la Universidad de California en Berkeley, la brecha social entre los más ricos y los pobres se ha ampliado considerablemente en los EEUU. El 1% más rico concentra el 22% de los ingresos totales. El 10% más rico controla el 50,4% de los ingresos de la nación, esta es la proporción más alta que existe desde que el Gobierno norteamericano recopila estadísticas sobre los ingresos, a partir del año 1917.
Sigamos con los datos que no dejan lugar a dudas sobre la brecha social existente en la sociedad norteamericana actual: Desde 2009, el 1% más rico (con más altos ingresos), se ha apropiado un ¡95%! de todas las ganancias de renta. En tanto, el 99% restante ha tenido apenas un aumento del ¡0,4% en los ingresos!
Entre 2000 y 2011, los salarios ajustados a la inflación cayeron en un 13 por ciento para los asalariados con formación de escuela secundaria que han ingresado recientemente al mercado laboral y cayó en un 8% para los que tenían un título universitario. Y los titulados universitarios asalariados, que  tienen un seguro de salud pagado por su empleador se ha reducido entre 1989 a 2011, a la mitad.
Estas son unas de las consecuencias de la crisis. En vez de hacer recular a los partidarios de un capitalismo puro y duro, se han crecido, y están llevando a cabo una cruzada mundial para despojar a los trabajadores de las conquistas logradas a través de arduas luchas desde el siglo XIX y que tuvieron su materialización a lo largo del siglo XX.
Asistimos, pues, a un despojo de los derechos sociales, a una mayor concentración de la riqueza social en una minoría, y todo ello, a la larga, no hará más que cristalizarse, o bien, en un auge de las luchas y conflictos sociales, o en regímenes cada vez más autoritarios (aunque quizá con una fachada “liberal”), teniendo como base social una sociedad más desigual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario