viernes, 31 de octubre de 2014

HAY QUE SOLTAR LAS BRIDAS



Cristian Sánchez

Octubre 30, 2014

Desde los inicios del proceso de separación de la mayoría perredeista del sector del presidente de facto del PRD,  Ing. Miguel Vargas Maldonado,  el presidente Hipólito Mejía dejó bien claro que su prioridad era  aglutinar y organizar a esa mayoría bajo una nueva bandera política y continuar la lucha por la principales reivindicaciones sociales, políticas y económicas del pueblo dominicano.

Concomitantemente con la formación de la nueva organización política y  la reorganización de las masas disidentes del "PRD de Miguel", el presidente Mejía dirigió su enfoque a la concertación de una gran alianza con partidos políticos y organizaciones sociales para conformar un bloque opositor capaz de enfrentar al PLD en las elecciones de mayo del 2016.

Mejía y sus asesores políticos concluyeron, que era una pérdida de tiempo tratar de desalojar del PRD a Miguel Vargas y sus acólitos mientras el Tribunal Superior Electoral y la Junta Central Electoral estén bajo el control de jueces tendenciosos que responden a las directrices del PLD.

Solo había una opción, dolorosa y difícil; arriesgada y triste.  Pero la realidad era ineludible: Miguel Vargas contaba con  el respaldo de Leonel Fernández y las altas instancias en materia electoral.  Fue necesaria la separación y la constitución de un nuevo partido político.

Para llevar a cabo estas tareas, Hipólito Mejía comprendió que debía asumir en toda su dimensión la categoría que espontáneamente le habían asignado las masas: El liderazgo máximo.  Así, fundió en una sola dimensión al estadista y al líder, asumiendo el papel de guía y orientador en el proceso de conformación del nuevo partido político y la convergencia opositora.

A riesgo de no ser comprendido por sus seguidores más efusivos, el presidente Mejía  evitó referirse a aspiraciones presidenciales futuras.  Las diferencias de principios con Miguel Vargas no podían ser confundidas con diferencias por candidatura o liderazgo.  Miguel había traicionado el partido, no solo colaborando con el adversario durante el proceso electoral de Mayo 2012, también violentando sus estatutos generales, desconociendo sus organismos, secuestrando la democracia interna y perpetuándose en la dirección del PRD y  sirviendo a los intereses de Leonel y el PLD.

Sin embargo, a pesar de no hacer proselitismo personal, no fue obstáculo para que otros lanzaran sus proyectos políticos durante el proceso de conformación del nuevo partido.  Es más, alentó y facilito el proselitismo de otros líderes menores que más adelante podrían retarle en la carrera por la nominación presidencial de la nueva organización.

Esta situación fue aprovechada por seguidores de otro precandidato;  incluso, difundieron la falsa de que el presidente Hipólito Mejía no aspiraría nuevamente a la presidencia de la república y que respaldaría al Luis Abinader.  Videos personales dando testimonio de supuestas conversaciones privadas donde Hipólito había asegurado que apoyaba a Abinader, fueron difundidos a través de las redes sociales. Fue una campaña bien estructurada; cada mes aparecía alguien asegurando que Hipólito no iba y apoyaría a Luis.

A pesar de la preocupación de sus seguidores, Hipólito soportó en silencio la campaña de desinformación y mantuvo su enfoque en la conformación del nuevo partido y la convergencia.  Pero la percepción de sul retiro por la carrera presidencial tomaba cuerpo, mientras los seguidores de Abinader, envalentonados por el posicionamiento de su candidato y el silencio de Hipólito, se tornaban más agresivos en la seducción de los seguidores del expresidente.

Cuando las circunstancias impusieron un pronunciamiento público de  Mejia,  por lo menos un indicio o señal que alentara a sus seguidores a permanecer activos y expectantes de una decisión futura, se dirigió al país para ratificar su compromiso con la lucha del pueblo dominicano por mejores condiciones de vida y la preservación del sistema de partido como garantía de la continuidad del sistema democrático.  Estableció con claridad que su prioridad era la constitución de un nuevo partido y la convergencia opositora nacional, concluyendo que no sería obstáculo para nadie en cuanto a la candidatura presidencial,  pero que él  estaría done las circunstancias y  las mayorías decidan.

Esta simple sentencia sirvió para reanimar a sus seguidores, pero también marco el inicio de una nueva campaña de sus opositores internos: "Hipólito debe ser el líder y ceder a  Luis Abinader la candidatura presidencial".

Pero el liderazgo, el carisma, la experiencia y la empatía con las masas no son sustancias  que se pueden inocular; no son rasgos de la personalidad trasferibles  por voluntad o decreto.  Y si usted es bueno para liderar y aglutinar a las masas; si usted es bueno para liderar a lo más variado de la oposición política  dominicana, entonces también es usted el mejor candidato para guiarla a la conquista del poder encabezando la boleta presidencial en mayo de 2016.

Hipólito se esfuerza por terminar la conformación de las estructuras del PRM, porque sin partido no tiene sentido hablar de aspiraciones.  Sin partido, es una irresponsabilidad hablar de selección de candidatos.  Porque la definición e institucionalización de los organismos del PRM es prioridad fundamental, pues por mas proselitismo que se haga, el "partido es la suma de sus organismos", que es lo mismo decir que, sin organismos no hay partido.

El presidente Mejía debe comprender que mientras él se preocupa por darle al país una estructura política que sirva de instrumento de lucha de los menos afortunados; mientras él se esfuerza exitosamente concertar una alianza opositora para enfrentar al PLD, otros accionan para evitar que el sea el candidato presidencial en mayo 2016.  Otros se aprovechan de su nobleza, transitan sobre las vías que facilitan su reconocido liderazgo, tomando ventaja de su negativa a anunciar "a destiempo" al país su decisión de aceptar la candidatura presidencial.

La mayoría del PRM está con él,  expectante e inquieta, como un corcel pura sangre en la gatera, a punto de iniciar la carrera. Solo falta que abran la portezuela y el jinete  suelte las bridas.

 

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