miércoles, 12 de agosto de 2015

LA GENTE VOTA POR EL PASADO, NO POR EL FUTURO

 
 
Daniel Eskibel
 
Un fantasma recorre las campañas electorales del mundo entero.
Es el fantasma del pasado.

Uno de los mitos más recurrentes en las campañas electorales es la creencia de que el electorado vota por el futuro.
La idea de que la gente vota eligiendo un determinado futuro es ingenuamente idealista.
Porque la gente vota pasado.

El futuro no existe. No se ve, no se toca, no se huele, no se escucha.
¿Imaginas lo que sería votar por el futuro?
Sería construir una fantasía acerca de lo que vendrá a partir del gobierno de cada uno de los candidatos. 
Construcción, sí. Muy personal. Subjetiva.
Fantasía, entonces. Tenue.
Es la brumosa levedad del futuro.
Humo.

En cambio el pasado está allí. Al alcance de la mano, al alcance de los ojos y de los oídos. Al alcance de la memoria.
En cada campaña electoral hay un gobierno que termina. Hay partidos políticos con historia. Hay candidatos con biografías.
Pasado. Hay pasado.
Hechos. Impactos. Repercusiones. Realidades.

Por eso las campañas electorales tienen que contar historias.
No promesas sino historias.
Una historia sobre el gobierno que acaba.
Una historia sobre los partidos políticos en disputa.
Una historia sobre la sociedad en la que se vive.
Una historia sobre los candidatos en disputa.

Contar historias.
Historias entrelazadas e intercomunicadas.
La gente vota en función de esas historias. La gente vota cuando se siente parte de esas historias. Cuando se identifica. Cuando se encuentra en esas historias.

Muchos creen que las campañas electorales son futuros posibles puestos uno al lado del otro para ser comparados.
Entonces se paran frente a la sociedad y dibujan con imágenes y palabras el futuro. Como si comenzaran de cero. Como si la sociedad y la política y la campaña electoral fueran una tabla rasa, un disco duro vacío, una nada fundacional e inerte.
Y creen que ganarán si la gente prefiere ese futuro que pintan.

No es así.
Y el hecho de que la gente vote pasado no excluye el futuro.
Simplemente lo integra a una historia.
Porque de otra manera no existe.
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