miércoles, 15 de junio de 2016

OYE LA HISTORIA MUCHACHO

@tony_raful

“Oye la historia, muchacho/no la dejes de contar, porque estos hombres murieron/es que podemos hablar/Sin muerte, de amor ardidos/ nos quisieron libertar/la muerte se hizo pequeña/ para dejarlos pasar/Era 14 de Junio/ -no lo dejes de contar...”

Lupo Hernández Rueda

Puntos de vista martes, 14 de junio de 2016
Las expediciones armadas del 14 y 20 de junio de 1959 constituyeron en su inmenso sacrificio, el golpe  más contundente a la carcomida estructura de poder de la tiranía trujillista. La victoria militar pírrica del trujillismo, se convirtió en el más profundo aldabonazo en la conciencia nacional. No hubo un solo sector  de la estructurtonya social del país que no sintiera en su conciencia el despertar de las ideas nuevas, el renacer de la esperanza, el hálito de la libertad. Ellos venían de la epopeya de Sierra Maestra en Cuba, bajo el influjo de aquella hazaña libertaria que convocó la solidaridad americana, echando por el suelo la dictadura de Fulgencio Batista. Batista huyó hacia la República Dominicana buscando refugio en la dictadura de Trujillo. Ellos venían de cristalizar la unidad de las fuerzas opositoras del exilio antitrujillista bajo las banderas del Movimiento de Liberación Dominicana. Exilados de New York, Caracas, Puerto Rico, Cuba, junto a una pléyade de combatientes internacionalistas cubanos, que habían batallado bajo las órdenes del comandante Camilo Cienfuegos, dos norteamericanos, cuatro puertorriqueños y dos españoles. Su edad promedio era de menos de 25 años. En esa escena dramática del arrojo y del amor por su Patria, vinieron padres con sus hijos de apenas 15 y  16 años. Sabían que no marchaban sino a la hoguera, al combate redentor contra la satrapía más horrenda del continente. Sabían que las posibilidades de derrotar aquella maquinaria del crimen que eran las fuerzas armadas trujillistas, eran mínimas. En ellos fructificó el ejemplo.

Tenían que sembrarse  en la tierra y en el alma pernoctada del pueblo dominicano, para desencadenar la lucha y el despertar de la libertad. ¿Habíase visto un ejemplo de mayor entrega y generosidad en la historia dominicana del siglo veinte, que aquellos dos centenares de mártires y de héroes, que todavía hoy, en medio del abismo social y la politiquería,  conmueven, movilizan viejos sueños de trascendencia social, nos aturden, nos zarandean en nuestra rutina de indiferencias y complicidades? América vibraba bajo los acordes de los himnos revolucionarios de su adecentamiento ético. Las dictaduras de Gustavo Rojas Pinilla en Colombia (1957), Marcos Pérez Jiménez en Venezuela (1958), Fulgencio Batista en Cuba (1959), precedidas por Juan Domingo Perón en Argentina (1955), habían sido barridas por la ola democrática de los pueblos. En junio de 1959 le tocaba al férreo dictador que oprimía nuestra Patria, con un ejercicio absoluto de barbarie y poder, pero en el país no había el menor asomo de libertades y todo giraba en torno a la figura de Trujillo. Todo barrunto de oposición interna era bañado en sangre.

Era tanto el entusiasmo y la voluntad de lograr materializar los objetivos del Movimiento de Liberación Dominicana, plasmados en su Programa Mínimo de Liberación Nacional, que el doctor Juan Isidro Jiménez Grullón, figura cimera de la dirección política de la repatriación armada, relata cómo fue despertado en horas de la madrugada del 15 de junio de 1959, en su habitación del hotel donde se hospedaba en La Habana, por una llamada de Fidel Castro, quien eufórico le comunicaba que el avión C-46 Curtiss, que había salido del Oriente cubano, con los primeros combatientes dominicanos, había logrado exitosamente su desembarco aéreo en el poblado de Constanza, liquidando el puesto militar trujillista de la pequeña pista de aterrizaje e internándose en las montañas de la cordillera central dominicana. Días después, el propio Castro, en una entrevista al periodista norteamericano Herbert Mathews, del diario  “New York Times”, confesó que si los revolucionarios dominicanos del 14 de Junio lograban hacerse fuertes en las montañas dominicanas, él contemplaría la posibilidad de unirse a ellos en la lucha armada contra Trujillo junto a otros dominicanos.  

El 14 de junio de 1959 fue un momento histórico decisivo en la formación de la conciencia antitrujillista, con su ejemplo la nación fue sacudida moralmente. A pesar de la intención maléfica de exterminar a la “raza inmortal”, llegando al sadismo de torturar a los sobrevivientes y luego,  montar paredones de fusilamiento en la Base Aérea de San Isidro, comprometiendo en los crímenes a cadetes y oficiales, para esparcir el terror en el pueblo, se produjo una reacción  de la juventud dominicana como respuesta a la decadente dictadura, con la formación del “Movimiento Clandestino 14 de Junio”, para honrar la memoria de los caídos en esas jornadas patrióticas. La dura represión contra centenares de jóvenes de todas las clases sociales, integrantes del Movimiento conspirativo, algunos desaparecidos en las ergástulas  de  la tiranía, provocó la reacción de la Iglesia Católica con su célebre Pastoral (25/01/60)  en defensa de los presos políticos y de las libertades, que contribuyó a abrir la fosa donde un 30 de mayo de 1961, fue decapitada la tiranía más cruel de América.

La vieja pregunta de si acaso aquel sacrificio valió la pena, debe ser respondida con firmeza, siempre vale la pena luchar por la libertad contra los designios malvados de los tiranos. Como dijo el poeta Lupo Hernández Rueda, en su canto a los héroes de junio de 1959, “porque esos hombres murieron es que hoy podemos hablar”, y porque ellos murieron en brazos de la “patria agradecida”, como dijo Martí, es que todavía hay resistencia y lucha, esperanza de un mejor destino de justicia social y de libertad: “Oye la historia, muchacho/ No la dejes de contar...”

No hay comentarios:

Publicar un comentario